Postres virales y exprés: del cheesecake japonés al tiramisú saludable en cinco minutos
Las redes sociales volvieron a marcar el pulso de lo que comemos en este 2026. Atrás quedaron las tardes enteras de domingo dedicadas a preparaciones complejas, porque hoy la tendencia apunta a lo simple, lo rápido y, sobre todo, a opciones que no caigan pesadas. En este contexto, dos recetas revolucionaron los inicios de millones de usuarios: un postre asiático que vacía las góndolas de galletitas en los supermercados y una versión ultrarrápida del clásico italiano preferido por los argentinos, adaptado para cuidar el sistema digestivo.
El fenómeno de los dos ingredientes
Resulta casi imposible navegar por internet sin cruzarse con el famoso “cheesecake japonés”. Aunque su nombre despierte curiosidad, el secreto de su éxito radica en una receta reducida a su mínima expresión. No lleva queso crema ni claras a punto nieve. Tampoco requiere prender el horno. La base de esta tendencia nacida en Japón se apoya únicamente en dos pilares: yogur espeso y galletitas.
La preparación es tan accesible que conquistó de inmediato tanto a los golosos sin tiempo como a los fanáticos de las novedades culinarias. Curiosamente, en países como Bélgica ya lo rebautizaron como “tiramisú japonés”. Ese guiño directo a su textura fundente y a las variantes con café o cacao demuestra la enorme versatilidad del plato. Cada persona lo adapta a su gusto, ya sea en su versión más tradicional con galletitas tipo petit beurre o de loto, buscando una alternativa vegetal con yogur de soja, sumándose a la onda verde con un toque de matcha o apostando por lo proteico usando skyr. Solo hace falta armarlo y dejarlo una noche en la heladera para tener listo el postre del día siguiente.
El clásico italiano reinventado
Esa misma lógica de usar yogur y simplificar los pasos llegó para transformar uno de los postres más elegidos en nuestro país. El tiramisú tradicional es sagrado para muchos, pero sus componentes originales a veces resultan demasiado densos para el cuerpo. Frente a esto, empezó a circular una alternativa exprés que mantiene el espíritu del plato original sin sumar harinas refinadas ni azúcar.
Hacerlo no exige gastar una fortuna ni pasar horas en la cocina. De hecho, apenas toma cinco minutos de reloj. Para lograr este bizcocho amigable con el intestino se necesita un huevo, 45 gramos de almendra molida, unos 30 mililitros de leche, una cucharadita de polvo para hornear y el edulcorante que prefieras. El relleno se resuelve de manera impecable con un pote de yogur griego y, por supuesto, una taza de café disuelto para darle la identidad inconfundible del postre.
Paso a paso para armar el postre en taza
Preparar esta versión saludable es un proceso casi automático. Primero tenés que agarrar un bol y unir el huevo con la almendra molida, la leche, el polvo para hornear y el endulzante. Batís un poco la mezcla hasta que notes que la masa logra una consistencia homogénea, sin grumos a la vista.
Ahí es cuando entra en juego el microondas. Mandás la mezcla a potencia máxima por unos dos minutos para cocinar el bizcocho. Una vez que lo sacás, lo cortás en tres partes iguales. Al mismo tiempo, vas endulzando el yogur griego a tu gusto en otro recipiente. El emplatado final se hace directamente en un vaso o una compotera, intercalando una base de bizcocho bien embebida en el café con una buena capa del yogur. Repetís la técnica hasta llegar al borde y colocás unos frutos rojos por encima para decorar. Menos estrés, ingredientes más livianos y un resultado que demuestra que la viralidad en la cocina casi siempre viene de la mano de la simpleza.
