Radiografía del empleo en Argentina: del colapso industrial al parche salarial en el sector comercio
El mercado laboral argentino atraviesa una etapa de reconfiguración profunda y dolorosa. Mientras algunos gremios logran abrochar acuerdos para ganarle algo de terreno a la inflación, el sector productivo muestra señales de alerta roja. La pérdida de empleo formal pisó el acelerador a fondo, traccionada casi exclusivamente por un declive industrial que ya no distingue entre pequeñas fábricas o firmas con años de historia. El malestar económico por esta dinámica empezó a filtrarse en la opinión pública, golpeando directamente los niveles de aprobación del presidente Javier Milei y las expectativas que la sociedad tiene a futuro.
Fábricas que bajan la persiana
Los números de la industria son letales. Un informe reciente del centro de estudios Grupo Atenas le puso cifras al drama productivo. En los últimos dos años se perdieron más de 100.000 puestos de trabajo vinculados al sector, lo que equivale a un promedio de 32 empresas que cierran sus puertas cada día en todo el país. Del total de empleos destruidos, unos 73.000 eran puestos formales directos dentro de las plantas. A eso hay que sumarle otros 30.000 indirectos que dependían de esa cadena, afectando a la logística, los proveedores de insumos y diversos servicios.
Martín Pollera, economista y uno de los autores del relevamiento, lo graficó con crudeza al diario Ámbito. Cuando una fábrica quiebra, no cae sola. Termina arrastrando a los proveedores, a los transportistas y hasta a los negocios del barrio. El impacto territorial es inmenso y ya golpeó a más de la mitad de los distritos del país, con especial fuerza en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) y en el núcleo productivo del interior, como Rosario, la ciudad de Córdoba y Santa Fe. En la provincia de Buenos Aires, de hecho, se esfumaron unos 46.000 empleos formales.
El ritmo de despidos no frena y oscila entre las 1.000 y 1.500 cesantías por mes. Básicamente, unos 160 trabajadores se quedan en la calle por día. Lejos de ser absorbidos por el agro o la minería, rubros que hoy demandan mucha menos mano de obra, los desempleados terminan cayendo en el cuentapropismo de subsistencia o directamente en el mercado negro. Hoy, la tasa de empleo informal ya trepó al 43%.
Un cóctel letal para las pymes
El panorama a nivel internacional tampoco deja bien parada a la Argentina. La consultora Audemus reveló que el país tuvo el segundo peor desempeño del mundo en actividad industrial entre 2024 y 2025, ubicándose apenas por detrás de Hungría. En el lapso de 24 meses, 2.436 empresas manufactureras dejaron de aportar al sistema de seguridad social. Esto significa que desapareció cerca del 5% de la base industrial del país.
Desde la Unión Industrial Argentina (UIA) no anduvieron con vueltas para explicar la crisis. Apuntaron contra una “combinación letal” de factores macroeconómicos que asfixia sobre todo a las pequeñas y medianas empresas. La abrupta caída del consumo interno, los tarifazos en los servicios energéticos y una política comercial que le abre la puerta a las importaciones en un contexto de atraso cambiario forman una tormenta perfecta. Las pymes son las más golpeadas, con más de la mitad de las firmas reportando fuertes caídas tanto en producción como en ventas.
En enero, la producción manufacturera cayó un 3,2% interanual. Si miramos el empleo formal del sector, solo en el mes de diciembre se perdieron 5.302 puestos, cerrando el 2025 con un rojo de casi 39.000 empleos menos. Desde las cámaras empresarias ya exigen políticas económicas que reactiven la demanda interna para poder frenar esta sangría.
Comercio y un alivio para los bolsillos
En la otra vereda de la realidad económica, el sector de los servicios intenta blindar los ingresos como puede. La Federación Argentina de Empleados de Comercio y Servicios (FAECYS), el gremio más grande del país, logró cerrar el 2025 con un acuerdo paritario que trae algo de previsibilidad para el arranque de este año. La negociación con las cámaras empresarias garantizó el pago de sumas fijas para los trabajadores mercantiles, marcando la cancha salarial desde diciembre pasado hasta marzo de 2026.
Para este primer trimestre de 2026, el sindicato abrochó un bono confirmado de 100.000 pesos. Es una suma de carácter no remunerativo que se pagará mes a mes hasta marzo. Recién en abril, este refuerzo económico pasará a integrar las escalas salariales de forma definitiva por su valor nominal, impactando en el cálculo de adicionales, el presentismo y la antigüedad.
La actualización salarial abarca a todas las categorías contempladas en el Convenio Colectivo de Trabajo 130/75. Así, desde el personal de Maestranza y Administración, hasta los Cajeros, Auxiliares Generales y Especializados, Vendedores y el régimen de menores, todos percibirán este ajuste. Las escalas mantienen su estructura histórica, con montos diferenciados según la función y las tareas de cada empleado, pero la inyección de dinero busca darle oxígeno a los bolsillos en un contexto que, como exponen los números de la industria, no da tregua.
