septiembre 2, 2026

El 89% de los estadounidenses cree que la corrupción está generalizada en su gobierno. Es el nivel más alto de los últimos veinte años y sube diez puntos respecto del año pasado, según el relevamiento que Gallup publicó este miércoles.

Para dimensionarlo: entre 2010 y 2025 esa cifra se movió siempre dentro de una banda estrecha, entre el 72% y el 79%. El salto de 2026 rompe una serie de quince años.

Dos encuestas distintas el mismo día

Antes de seguir, una aclaración necesaria, porque hoy circulan dos números y no significan lo mismo.

El 89% es de Gallup, y responde a la pregunta de si la corrupción está generalizada en el gobierno. Se hizo por teléfono sobre una muestra de 1.000 adultos, con un margen de error de 4,1 puntos porcentuales. Un detalle que casi ninguna cobertura menciona: el trabajo de campo se hizo entre el 1 de mayo y el 10 de junio. El dato se difundió hoy, pero se midió hace tres meses.

El 97% es de otra encuesta, la de la Universidad de Massachusetts en Amherst realizada por YouGov, y responde a una pregunta diferente: si existe al menos algo de corrupción en el gobierno federal. En esa misma encuesta, el 75% dice que hay muchísima. Se hizo online entre el 21 y el 26 de agosto, también sobre 1.000 personas, con un margen de 3,5 puntos.

Son mediciones separadas, con preguntas, métodos y fechas distintas. Sumarlas o intercambiarlas produce un número que no existe.

El dato que explica el récord no es el 89%

Lo interesante está en cómo se llegó ahí, y no es lo que suele contarse.

Entre los votantes demócratas, la percepción de corrupción pasó del 57% en 2024 al 76% en 2025 y al 91% este año. Entre los republicanos casi no se movió: era 87% en 2024 y es 83% ahora. Los independientes están en 90%.

Dicho de otro modo: el récord no lo produjo un aumento parejo de todo el país, sino que los demócratas alcanzaron a los republicanos. La brecha entre ambos, que hace dos años era de treinta puntos, hoy es de ocho.

La lectura que hace Gallup de eso es que las percepciones demócratas se mueven según quién ocupa la Casa Blanca, mientras que las republicanas se mantienen más estables independientemente del gobierno de turno. En 2024, con el Partido Republicano ganando la presidencia y el Congreso, la cifra republicana casi no varió.

Todos ven corrupción, pero cada uno en otro lado

Acá es donde la encuesta de UMass agrega lo mejor del material.

Consultados por cuál es la institución más corrupta del gobierno federal, el 53% del total responde que la presidencia. Pero ese promedio esconde dos países distintos: entre los demócratas, el 87% señala a la presidencia; entre los republicanos, apenas el 18%. Estos últimos apuntan en cambio a la burocracia federal (44%) y al Congreso (30%).

Sobre qué constituye corrupción, en cambio, hay bastante más acuerdo del esperable. Amplias mayorías consideran corrupto el enriquecimiento personal ilegal (90%), el enriquecimiento personal legal usando el cargo (83%), el favoritismo político (81%) y el abuso de las instituciones democráticas (83%). Más de ocho de cada diez quieren una investigación penal o ética cuando un funcionario cambia su voto a cambio de aportes de campaña, y ahí la coincidencia entre demócratas y republicanos es prácticamente exacta: 87% en ambos casos.

El detalle que los investigadores destacan es que los estadounidenses no equiparan corrupción con ilegalidad. Más de ocho de cada diez consideran corrupto que un funcionario use su poder para beneficio personal o político aunque lo haga dentro de la ley.

El experimento de los 42 puntos

Los responsables del estudio hicieron algo que vale la pena explicar, porque es la parte más reveladora y la que menos se cuenta.

Usaron un experimento aleatorizado: describieron a un presidente ordenando a agencias federales investigar a políticos del partido rival, y sortearon al azar si ese presidente era demócrata o republicano. La conducta descrita era idéntica; lo único que cambiaba era el partido.

El 64% de los republicanos calificó el acto como muy o extremadamente corrupto cuando el presidente era demócrata. Cuando era republicano haciendo exactamente lo mismo, el porcentaje cayó al 22%. Cuarenta y dos puntos de diferencia por el mismo hecho.

Los demócratas muestran el mismo sesgo, aunque de menor magnitud. Los autores del estudio no usaron ningún nombre propio en la pregunta.

La conclusión que sacan los investigadores es incómoda para todos: existe consenso sobre qué es corrupción en abstracto, y desacuerdo total sobre quién la comete. Y mientras las dos mitades ubiquen el problema en veredas opuestas, no hay incentivo político para hacer nada al respecto.

Estados Unidos ya encabeza la OCDE

El otro hallazgo de Gallup es comparativo y es el que da escala.

La mediana de percepción de corrupción entre los 38 países de la OCDE bajó del 69% en 2009 a menos del 60% desde 2022, y quedó en 59% en 2025. En ese mismo año Estados Unidos marcó 79%: veinte puntos por encima de la mediana, y por primera vez en el primer lugar del bloque. Eso fue antes del salto de diez puntos que se acaba de registrar.

Hay más contexto todavía. Gallup hace esta pregunta en 132 países. Desde 2023, apenas cuatro superaron el 89% actual de Estados Unidos: Líbano en 2024 y Perú en 2025, ambos con 92%, y Ghana y Nigeria en 2024, con 90%.

Y un dato interno que llama la atención: la percepción de corrupción en las empresas también subió, ocho puntos, hasta el 71%. Pero la diferencia de 18 puntos entre gobierno y empresas es la mayor de toda la serie estadounidense, que arranca en 2006. Históricamente ese hueco promediaba once puntos.

¿Y la Argentina?

Es la pregunta natural, y hay que responderla con cuidado, porque el indicador que existe para la Argentina no mide lo mismo.

El Índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional, publicado en febrero, le asignó a la Argentina 36 puntos sobre 100 y el puesto 104 entre 182 países. Está por debajo del promedio de las Américas, que es 42, y por debajo de los 37 puntos de 2023. Para comparar: Uruguay 73, Canadá 75, Chile 63, Estados Unidos 64, Brasil 35.

La diferencia clave es quién responde. El índice de Transparencia Internacional se construye con evaluaciones de expertos, ejecutivos de negocios y consultoras de riesgo, no con encuestas a la población general. La pregunta de Gallup, en cambio, se le hace a ciudadanos comunes. Son dos cosas distintas y no son intercambiables, aunque los titulares las traten como si lo fueran.

Lo que sí permite decir la comparación es que Estados Unidos, con 64 puntos en ese índice, sigue muy por encima de la Argentina en la mirada de los expertos, mientras que su propia población lo percibe hoy peor que casi cualquier otro país desarrollado. Esa distancia entre lo que ven los especialistas y lo que siente la gente es, quizás, el dato más significativo de todos.

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